¿Qué significa ser mamá?

No suena tu despertador porque no lo usas, simplemente abres tus ojos porque el sol entra por tu ventana y sientes todo su resplandor sobre tu cara. Escuchas a lo lejos pajarillos cantando y el sonido que provoca el viento sobre las hojas de las palmeras del jardín. Revisas tu teléfono, 10 de la mañana. Tienes mensajes y llamadas perdidas de tu mejor amiga. Ese día es hermoso, un día perfecto para ir a la playa, no importa qué día es, tú puedes ir cuando quieras.

Te levantas y aún con el pijama puesto acompañas a la familia a desayunar. Te alistas y partes a la playa con tu amiga.

Eres una joven con un cuerpo muy hermoso, una mirada descansada y una agenda llena de eventos sociales. Ya tienes 30 años y sigues soltera por que así lo has querido, haces yoga, vas al gym, te alimentas a tus horas y disfrutas mucho de la vida en compañía de un montón de amigos. La mayoría de tus amigas ya son madres por lo que optas en salir con el grupo selecto de personas que aún no han dado el paso y con gente más joven que tú. Asistes a las reuniones de tus amistades que ya han formado una familia y ves con cara de incertidumbre a todos esos pequeños seres humanos, los hueles aunque estén a metros y piensas para tus adentros “nunca seré madre”. Según la época del mes cambias de parecer, ese famoso “llamado de la naturaleza” empieza a jugar con tu mente. Pero sacudes efusivamente la cabeza para que ese instinto salga de ti, ¿cambiar pañales? ¡nunca!

Conforme van pasando los meses empiezas a observar más a esas madres con sus hijos y sonríes. Hasta que llega un día en el que tienes en tus manos una prueba de embarazo positiva. Lloras incontrolablemente, no sabes qué viene. Solo tienes miedo, muchísimo miedo.

Y sí, todos esos temores que tenías son totalmente reales. Ser madre no es lo que ves en las películas de mucha felicidad, ni tampoco en los comerciales de televisión. Ser madre es agotador, desgastante y frustrante. Ser madre es dejar un estilo de vida fancy por uno cómodo y muy cansado. Ser madre es desvelarte con una mamila en la mano en vez de un martini. Ser madre es simplemente increíblemente cansado.

De pronto estás ahí sentada en una mesa de un restaurante, viendo a lo lejos como tu pequeña juega con otros niños, venciendo el miedo que le tenía a los juegos inflables. Te pediste un café tan cargado que haces muecas, pero necesitas estar despierta porque aun falta un largo recorrido para finalizar este día. Te sientes importante porque tu hija te voltea a ver cada 5 minutos, eres lo más importante para ella. De fondo escuchas un bolero muy bonito y cierras los ojos, solamente para escuchar la letra de la canción “mi vida sin tu amor….” No te logras imaginar cómo sería una vida sin tu hija, no sientes un gramo de satisfacción al recordar esa vida de diversión que tenías, sin pensar en un futuro y sin pensar en nadie más que en ti. Todo ese cansancio, frustración y desgaste solamente pasa a segundo plano, cuando viene tu hija, te abraza y mirándote a los ojos te hace entender el hermoso significado de ser “mamá”.

Patita de perro

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¡Ay los viajes! qué no daríamos por tener la oportunidad de viajar cada vez que quisiéramos hacerlo. ¡Grecia! vámonos… ¡España! vámonos… ¡China! vámonos… pero no es tan sencillo como decirlo. La verdad es que viajar cada vez se vuelve más complicado y caro. Cuando eres pequeño tienes todo el tiempo del mundo para viajar pero no tienes quien te lleve o por lo menos no cuando tú quieres. Y cuando eres adulto tienes toda la intención y hasta el dinero a veces pero no siempre se puede. Ya sea por el trabajo o simplemente porque tienes hijos que cuidar e ir todos sale muy caro.

Pero, ¿quién se imaginaría que de pronto tienes un bebé y a su año y medio ha viajado más veces que tú en tus escasos 32 años? Igual no a otros países, pero salir de su ciudad a otra…ya es algo muy normal para ella.

La Natu desde que nació ha estado con agenda muy ocupada. Mi hija ya ha estado en: Ixtapa, Acapulco, Huatusco, Puebla, Cuernavaca y La Paz. En varios lugares se ha repetido. Solo en uno de esos destinos usamos avión para llegar y es La Paz, BCS.

Debo ser honesta, para mi viajar en avión es lo más espantoso. Me siento de verdad muy mal. La primera vez que Natu subió a un avión tendría como 11 meses y yo moría de nervios, uno porque como comenté no me gusta y dos pasaban por mi cabeza millones de situaciones catastróficas. Que por cierto y haciendo un paréntesis, resulta que en los primeros meses de vida de mi hija yo padecí una especie de síndrome en donde constantemente durante el día me pasaban por la cabeza situaciones ¡horribles! que en una visita al doctor me dijo “es normal, es parte del instinto”. Yo asumo que efectivamente el instinto de madre está grueso. Lo veo como si al momento de que sales del hospital te activaran un switch y en automático empezaras a cuidar a tu bebé de todo lo malo que pudiera pasarle. ¡Es la madre naturaleza haciendo de las suyas! A lo mejor ese instinto es un tema “químico”, como si fuera adrenalina, entonces se libera tanto en tu organismo que tarda meses en procesarlo adecuadamente, por ende se conjuga en una mescolanza de emociones y pensamientos. Es mi teoría.

Regresando a lo que hablaba, ese día subimos al avión y yo me aprendí todas y cada una de las indicaciones que dio la azafata, me sentí nerviosa de no poder ponerme el cinturón junto con mi hija, recé a todos los santos, pedí protección. Y luego ese aroma a avión ¡como lo detesto!. Arrancamos motores y empezamos a avanzar, mientras tanto mi hija solo hacia trompetillas escupiéndome las manos que estaban todas temblorosas. Cuando ya se puso el avión derechito para acelerar, se me bajó la sangre de la cabeza a los pies…aceleró….y ese sonido de los motores, el efecto de gravedad y todo, me hizo llorar. Pero fue todo en cuestión de segundos, pasé del llanto a la risa porque Natu solo alzó sus bracitos e hizo “wwwuiiiiiiii”. Si te imaginaste a un bebé en una montaña rusa, acertaste. Esas éramos mi Natu valiente y su cobarde madre. Pasaron los minutos y el avión continuaba su ascenso. Yo solo empecé a sentir mi cara sin sangre y a sudar frío, me agarraba la frente y trataba de oler a mi bebé para disimular el espantoso olor.

Esa mañana al salir de casa rumbo al autobús que me llevaría al aeropuerto, nos topamos con tráfico por lo que el indicado nos dejó, tuvimos que esperar el siguiente así que aproveché para desayunar un sandwich que me había preparado mi prima. Pero el nervio estaba al mil, corría el riesgo de perder mi viaje. Durante el vuelo, el sandwich empezó a hacerse presente y todo lo demás que hubiera comido, lo sentía pasearse por mi estómago y regresar a mi boca. Busqué por todos los medios retenerlo pero…sucedió. Busqué con desesperación la bolsita que te ofrece la aerolínea para esos accidentes pero cuando logré abrirla ya había sucedido el inicio del accidente. Ya se imaginaron a una bebé en montaña rusa, ahora imaginen a una bebé que decidió ponerse su plato de papilla como sombrero (es una metáfora para los que no entendieron). Si lo sé, pobre de ella. La azafata corrió a auxiliarme, fue una bella persona debo decirlo. Y más porque le di su “novatada”, era su primer día de trabajo.

Ese no fue mi primer viaje como mamá, pero fue el primero en avión y el más largo. Cuando llegó el regreso, opté por tomar unas pastillas para el mareo y fue la solución, pero la sensación extraña de estar por los aires con mi hija, no desapareció.

 

La ratita que no fue ratita

Toda la vida le había tenido pánico a los bebés. Me emocionaba verlos, pero cuando me decían “¿quieres cargarlo?” yo temblaba como gelatina y muy nerviosa decía que sí. Yo cargando a un bebé era tal cual Mrs. Smith en aquella escena donde están en una reunión en casa de sus amigos y le dan a un bebé para que lo cargue. Ella lo levanta en el aire y lo ve con cara de incertidumbre. Tal cual, esa era yo.

Los bebés para mi eran la cosa más frágil que pudiera tener en mis manos. Yo sentía burbujas en mi estómago cuando estaba al lado de alguno y el aroma, ese aroma que no me gustaba para nada. Tenía miedo de que se les saliera alguna sustancia radioactiva por el pañal, o que me vomitaran como si estuvieran audicionando para el papel de la niña del exorcista.

En muchas, pero muchísimas ocasiones escuché decir que los bebés cuando nacían eran como una ratita fea y arrugada. Yo veía parir a mi gata y literal pensaba “¿Así serán los bebes de feos al nacer?”. Todo ese líquido pegado en sus cuerpos, los ojos hinchados, con olor feo.

Cuando me embaracé, me hice totalmente a la idea de que mi hija cuando naciera sería una cosa fea. No digo que pensara que así se fuera a quedar, pensaba que al nacer y pasados los días el panorama iría mejorando. No me hice de falsas esperanzas. Para mi era un hecho que eso pasaría y más porque mi suegra me había platicado que mi esposo cuando nació era un bebé muy feo, porque no tenía pelo y lo poquito que pudiera tener era totalmente blanco, además era muy arrugado y medio deforme. Pero ese fue la oruga en su capullo, porque después tremenda mariposa en la que se convirtió. Un bebé que todos chuleaban.

Cuando entré al quirófano pasé por mil pensamientos, finalmente escuché ese “cuñaaaa”. Cuando me acercaron a mi hija, de verdad me fui de espaldas. Era el bebé MÁS hermoso que había visto, tenía la temperatura perfecta, olía delicioso y era muy bella. Me quedé muda, me tuvo que pedir el pediatra que le hablara y le diera la bienvenida y yo solo pude decir “Está muy bonita”. Estoy segura que el doctor pensaba que lo decía en el plan maternal, pero no de verdad lo decía porque yo esperaba que me entregaran al Maestro Splinter y lo que me dieron fue un pequeño osito cariñosito.

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Mi hija se llamará…

Hace muchos, pero muchos años la usanza era darle muchos nombres a nuestros hijos. Mi abu Angelita (QEPD) me contaba que además en el Registro Civil todo era a mano y generalmente eran personas muy mayores quienes te atendían. Mi familia es de España, tanto del lado de mi madre como del de mi padre y mi abu de la que hablo era la mamá de mi papá. Cuando su madre nació la llevaron al Registro Civil en donde efectivamente el que atendió era un señor muy mayor. Cuando este le preguntó al papá de la bebe cuál sería el nombre de su hija, él orgullosamente y con el pecho inflado contestó “Mi hija se llamará Juana Inés de la Asunción…etc etc” (disculpen ustedes que no me sepa el nombre completo, yo la conocí como la abuelita Juanita. Y sí, el mentado viejillo literal registró a la abuelita con el solemne nombre de “Mi hija se llamará Juana….y lo que le siga” ¡¡¡¡MI HIJA SE LLAMARÁ!!!!

MORALEJA: Es tan importante elegir bien el nombre que llevarán los retoñitos o elegir bien el horario para asistir al Registro Civil, no vaya a ser que te toque otro viejito ocurrente….

Lo cual me recuerda el martirio que pasamos mi esposo y yo para elegir el nombre de mi nena hermosa. Recuerdo que cuando aún no sabíamos si sería niña o niño, hicimos una lista cada uno de nombres de varón y nombres de niña. Bueno….yo hice mi lista, él….él simplemente me dijo que no a todas mis opciones y no propuso más que algunos nombres que en lo personal no me gustaban para dárselos a mi hija. Finalmente estaba yo ya muy decidida a convencer a mi marido de uno en especial…yo quería que se llamara EMMA. Me encanta ese nombre y la verdad es que sentía que le quedaría perfecto a un muy probablemente próximo talento musical (mi esposo es músico y mi hija ha heredado un ritmazo de miedo). Todo iba bien, seguía con mi ilusión hasta que un día mi sobrina Laby me dijo “¿estás segura de lo que vas a hacer? ¿de casualidad ya analizaste si combina el nombre de Emma con sus apellidos?” y por supuesto yo le dije que era un nombre maravilloso, bla bla…un momento….¿Emma Manzur Sempere? ¡De la que nos salvamos! Mi hija hubiera sido una víctima del bullying escolar, mira que nombrar a tu hija EmMA MANzur…..

Por eso creo que es bien importante que no solo piensen en lo que significa el nombre o les guste mucho, también debemos elegir con base a si combina o no con los apellidos de la criatura. ¡Seamos conscientes!

¡No negamos la cruz de nuestra parroquia!

Hay bebés que lloran mucho y otros que ríen en exceso, unos que empiezan a caminar muy rápido y otros que aun en la universidad se revientan la boca a cada rato, hay algunos bebés que no duermen y otros roncan como si estuvieras en plena carrera de coches. Hay bebés que no les gusta comer y otros….simplemente comer es su segundo nombre.

Yo fui de estos últimos bebés, bueno…sigo siendo una tragaldabas….

Tengo un primo que se llama Juanin, bueno así le decimos en la familia pero es un gran comunicador que actualmente es influencer en medios digitales, su nombre es Toño Sempere. Lo que aprendí hace años de él es que si te ponen un apodo, en vez de sufrirla la goces…él lo ha hecho toda su vida, es más él mismo se ponía apodos y así no daba chance que nadie se le adelantara a apodarlo. Y si llegaba a suceder, les digo que la gozaba. Casualmente, sus ocurrencias dieron tanto que hasta yo terminé con un apodo familiar que a la fecha continúa y dudo desaparezca. Como comentaba, siempre he sido muy tragoncilla así que mi querido Juanin consideró prudente nombrarme “Ambrea”. La verdad no me enoja para nada, al contrario me da risa y siempre he dicho que es de la familia Sempere, todos somos re tragones.

La Natu pues resulta que heredó tremenda vocación gastronómica. Y pues no se salvó de ser apodada, no por Juanin si no que el autor intelectual es mi sacrosanto padre…la Natu es conocida en mi familia como “Natambres”.

No sé si es creatividad nata o bullying integrado en nuestros chips, pero ahhh como nos divertimos en esta familia. Definitivamente nuestras principales características son:

1.- Requeterecontratragones

2.- Ocurrentes

3.- Bulleadores 

4.- Cariñosos

5.- Muy buenos cocineros

No me arrepiento de pertenecer a esta familia, la verdad es muy divertido y sé perfecto que mi hija así como yo, mis primos y toda la familia “no negará la cruz de su parroquia”.

Notas desde el corazón

El fin de semana pasado hice una de mis actividades favoritas que hace tiempo no hacía: comprar un disco compacto en una tienda. Le quité como niña chiquita la envoltura, lo olí (si eso leíste, me encanta el olor de un CD nuevo) y lo puse en el reproductor de mi auto. Recorrí canción por canción y repetí mil veces la misma canción (que es la que conocía por la radio). Toda la semana escuché varias veces el mismo disco y si, seguía repitiendo la misma canción. Hoy el día me regaló paz en mi corazón y limpio mi estrés con el tremendo tormentón que cayó. Mientras venía de regreso a casa canté un rato canciones como “el patio de mi casa” y “jugaremos en el bosque” hasta que escuché como es costumbre el tremendo ronquido de la Natu…ya les había dicho que el carro y la mamila son los mejores remedios para dormir a los bebes….así que una vez dormido el retoño puse mi CD y como había demasiado tráfico, estuve revisando el cancionero. Me dediqué a no solo escuchar la misma canción de siempre, si no a escuchar la letra de las canciones y la música. Alcancé a escuchar dos veces una de ellas y me puse a llorar como Magdalena. Esta canción me encantó, se llama “Toneladas” y el disco del cual hablo es el nuevo de Shakira que lleva por nombre “El Dorado”.

Es por este motivo que el día de hoy les presentaré mi TOP 5 con las mejores canciones que he escuchado y algún día podré decirle a mi pequeño querubín “mira preciosa, estas te las dedico”:

1.- “TONELADAS” Shakira – El Dorado:

 

2.- “NATALIA” Aleks Syntek – Lección de Vuelo:

 

3.- “YO TE ESPERABA” Alejandra Guzmán:

 

4.- “TU DE QUÉ VAS” Franco de Vita:

 

5.- “ERES” Café Tacvba:

El primer día de mi nueva vida

Vivía en Acapulco y recuerdo que en esa época mi vida era muy ajetreada. Ir de mi casa al trabajo me tomaba casi 1 hora de ida y una de vuelta. Por este motivo decidí vivir una temporada en casa de mi amiga Mandy que vivía frente a mi trabajo. La estancia realmente no duró mucho tiempo pero fue muy agradable. En ese entonces mi cuerpo era bastante esbelto pero de pronto me empecé a sentir pesada por lo que le dije a Mandy que nos inscribiéramos en un gimnasio. Yo le metí durísimo al cardio, me sentía morir y salía muy sudada. Además mi alimentación era bastante buena, no había por qué no bajara de peso. Recuerdo que había un detalle extraño que se repetía constantemente, mi cuerpo me pedía dulce y mi antojo voraz era de un chocolate y un refresco de cola. Salía del gimnasio y en varias ocasiones se me derretía la boca solo de pensar en esos dos productos. Honestamente no le di importancia, continué mi vida. Al poco tiempo decidí unir mi vida bajo el mismo techo con mi esposo, ya era un hecho desde antes porque me quedaba en su casa continuamente pero no lo habíamos formalizado. Realmente esa decisión no la hicimos pública y los fines de semana iba a quedarme en casa de mis papas como siempre lo hacía, ya que a pesar de mis 30’s tenía la mentalidad de una niña de secundaria “me van a regañar…” o  “no me van a dar permiso…” en fin, no quisimos hacerlo público.

Pasaron unos días y me fui de vacaciones a una ciudad cercana con mis papas y mi hermano, recuerdo que por temas laborales ellos se fueron primero y yo los alcancé en un autobus. Mi salida era como a las 6:30am, por lo que mi esposo me llevó temprano a la terminal. Llegando ahí me preguntó si me iría con el estómago vacío, por lo que decidí comprar ahí mismo una torta, de esas que es más pan que el relleno. Comí la torta y dormí las 4 horas de trayecto, solo a unos cuantos minutos de llegar a la estación me despertó un ataque de estornudos que por días no me pude quitar.

Al bajar del bus me sentí fatal, sentía que mi cuerpo pesaba demasiado y estaba muy cansada, supuse que era porque no habría dormido bien o cansancio del gimnasio. Pasó por mi mi mamá junto con mi prima, quien ya avanzando en la camioneta noté que me miraba mucho por el retrovisor hasta que me dijo “prima que bonita te ves”.

Llegamos a casa de mis primos, era domingo y decidimos irnos de paseo. En el trayecto sentía una pesadez en mi estomago, supuse que la torta me había caído mal. Recuerdo que me tomé unas pastillas efervescentes y nada, hasta me fui todo el trayecto masticando unas pastillas de carbón activado que según son muy buenas para el estómago….pero nada me quitaba ese malestar.

Acababa de comprar una laptop nueva por lo que estaba muy emocionada con ella, pero el olor que tenía lo detestaba me daba asco.

Malestar general, ascos, nauseas y mucho cansancio…..mi sobrina me dijo “¿y si estás embarazada?” obvio salté y le dije que estaba loca.

Después de ese viaje pasaron como dos semanas y el malestar continuaba, no iba al doctor porque no era algo insoportable simplemente no me sentía al 100. Mi amiga Sugu es hija de un doctor y tenía años trabajando en la industria farmacéutica, le llamé para platicarle y ver qué opinaba ella. Recuerdo que se burlaba de mi y me decía “lo que me platicas me suena a que tienes bichos, ¿hace cuánto que no te desparasitas?” y yo la verdad ya ni me acordaba. Así que respiré, pero en eso atinadamente me dice “tómate unas pastillas para desparasitar, pero después de que te baje” a lo que yo ilusamente le dije “¿y qué tiene que ver que me baje? ¿qué más da si lo hago ahorita?” y sus siguientes palabras me hicieron enojar “pues porque también suena a que estás embarazada, no te puedes tomar esas pastillas si estás embarazada”. Salí corriendo a una farmacia, de esas que parecen más supermercados que farmacias, porque primero pasas por muchos pasillos con comida, artículos de cuidado personal, alimento para bebes, etc..

Entré por el pasillo donde están las papas fritas y mientras caminaba vi unas con sabor “adobadas” y las agarré sin pensarlo, no podía esperar a que me cobraran y yo ya estaba comiéndolas. Pedí una prueba de embarazo y pagué mis chipilindrangas.

Fue la pipi más difícil que una pipirisnais y fueron los minutos de espera más largos de mi vida y en eso…positivo…clásico pensamiento “seguramente hice más pipi de la cuenta y por eso marcó los dos palitos” hablé con mi amiga Sugu y recuerdo que gritó como loquilla de la emoción. Terminé haciéndome 3 pruebas más y pues si…bichos precisamente de esos que están pensando no eran, era otro tipo de bichito que ahorita mide 83 cm de alto.

Sudor frío, temblor en las manos, llanto inconsolable….me sentía como niña de 15 años sufriendo por la revolcada que me pondrían mis padres al enterarse. “Me correrán de la casa!! Momento…tengo 30 años por el amor de Dios y vivo en casa de mis padres solo los fines de semana”. Le hablé a mi marido para darle la novedad, él se puso muy contento y yo como loca histérica hormonal solo recuerdo haberle dicho “¿¿¿Pero qué vamos a hacer??? ¡¡¡La Universidad es muy cara!!!”

Desde entonces mi vida dio un giro de 360º, nuevos hábitos, nueva forma de vestir, nueva forma de amar y nuevo apodo…de mujer fatal ahora me dicen mamá.

La hora macabra

Llega el domingo, sales de paseo con el retoño y decides “cansarlo”. Buscas por todas las formas hacer que camine, gatee o se arrastre pero que por favor se mueva.

Ya es hora de regresar a la casa, levantas todas las cosas y la bendición encima se tira al piso para que lo cargues hasta el coche. Se recuesta en tu hombro, ves la hora y dices “yeah baby hoy alguien se dormirá tempranito”. Todo el trayecto vas asombrada de los temibles ronquidos que se revienta esa cosititita. Hasta piensas que arrastraste un tronco e hizo un estruendoso ruido, pero no, es el retoño roncando (herencia del papá).

Llegas a la casa y dices “deeeespaaaacito suave suavecito…” no perdón eso no, es que llevo rato viendo videos en You Tube con esa canción y la traigo algo pegadita. El punto es que sigilosamente bajas a tu retoñin del auto, caminas muy al Dracula style osea de puntitas, llegas al cuarto y dejas al querubín en su camita. Das tres pasos en reversa, te golpeas contra el mentado “pink balloon” super nice que pusiste y tu solita te haces “shh shh”, te asomas y nada, falsa alarma. Vas con calma y sin prisa hacia la puerta, te sales y al cerrarla despacio, das media vuelta con un pasito Luis Miguelero y de pronto….”mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” ¡¡¡Mierda!!!

Entras toda dulzura “shhhh a momiiiir a momiiiir”, escuchas como chupetea su dedo y dices “fiuf” repites ruta de escape ahora si viendo con mirada de “maldito globo me tocas y te tiro a la basura”. En eso estás a punto de salir y escuchas una dulce entonación “ta ta ta ta ta ta” (al tono de martinillo) y dices me lleva la que me trajo y la del tren y hasta carmen la que perdió su cadenita. “Mi cielo, quieres tu tete?” y con dedito en boca, carita de no rompo un plato te dice que si moviendo la cabeza. Bajas las escaleras resignada, pensando “con esta mamila seguro si se duerme”. La subes y te acuestas con ella, no se la ha terminado y tu ya estás babeando la almohada. De pronto sientes como te tiemblan los pensamientos del trancazo que te meten en la frente “ya terminó su mamila”. Le haces piojito, le acaricias la espalda y la ternurita solamente decide seguir cantando y darte de manotazos y patadas para luego hacerte “muajajajaja”.

Cuando menos te das cuenta ya casi son las 11 y el retoño está con ojos de escudo del Capitán America.

¿Es tu caso?

El niño interior

Todos los seres humanos fuimos bebes y poco a poco aprendimos “las reglas de la vida”, unos más que otros. Otros al revés de lo que “se supone debe de ser” pero al final de cuentas algo tuvimos que haber aprendido.

He observado últimamente como se comportan los adultos con los niños que tienen a su lado. Me han tocado adultos que despiden por cada poro de su cuerpo amor y alegría y solo tienen ojos para esos pequeños. Infortunadamente me han tocado otros que emanan incomodidad y molestia…me pregunto ¿así habrán sido tratados? ¿no se dan cuenta de lo que se están perdiendo?

La semana pasada estaba en el área de comida rápida de un centro comercial y mientras esperaba mi comida me quedé “mirando” a mi alrededor, pero ya saben de eso que ves y no ves, simplemente pensando en nada. En eso hubo algo que me llamó la atención, en uno de los locales de comida donde venden hamburguesas y te regalan unas coronas de cartón, estaban en la caja un señor como de unos 38-40 años que iba con dos nenas como de 7 y 10 años respectivamente. Las niñas brincaban de felicidad con sus coronas y una de ellas le pidió al adulto que se la pusiera, él se negaba una y otra vez. Yo por dentro pensaba “¡qué tiene de malo cumplirles la petición!” por fin cedió y dije “vaya, hasta que entendió” para mi sorpresa no le duró ni 2 segundos la corona en la cabeza, fue así literal de me la pongo y me la quito. Las niñas le volvieron a pedir que se la pusiera y él solamente se volteó y tan tan. Me quedé molesta. Igual y es algo que tendría que valerme pero definitivamente no es así…¿dónde quedó el niño interior? hay algo que se llama ILUSIÓN señores y por lo que veo con el paso de los años la vamos perdiendo. Sé que los niños a veces son impertinentes ya que no contemplan el momento y el lugar, pero son niños que están aprendiendo y nosotros como parte de nuestro deber es enseñarles que hay momentos y lugares, pero cada que tengamos la oportunidad de disfrutar su imaginación por favor, no se lo pierdan.

Creo que los bebes no solamente aprenden lo que les enseñamos, aprenden lo que ven en sus padres ya que son perfectos imitadores. Así como imitan lo curioso también imitan lo negativo de nosotros los adultos.

Me gustaría muchísimo que este mensaje llegara a todos esos papás que no disfrutan las ocurrencias de sus hijos, esos que no les siguen la corriente y quiero que se contesten la siguiente pregunta ¿qué pierden con hacerlo? yo les digo ¡NO ES TAN MALO! Va a llegar un día en el que esos niños se convertirán en adultos y todas esas ocurrencias dejarán de existir, será ese día cuando digan “me lo perdí…”

Dejemos que salga nuestro niño interior, sean felices y disfruten esta vida (que no tenemos comprada), cada minuto, cada segundo es único y nunca más se repetirá.

 

 

A la ru ru nene…¿qué sigue?

Toda la vida he tenido el gran problema de que no logro aprenderme la letra de las canciones. Solamente tuve una época en mi vida que literal ponía play y pause mientras iba anotando la letra de la canción en una hoja, eso era cuando no traía libretita de canciones el cassette…¡si! esas reliquias ¡¡¡me tocaron!!!!…por si no te acuerdas cómo eran  o no son de tu época, dejaré esto por aquí….

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Regresando al tema, hacer esta actividad me ayudaba a aprenderme fácilmente las canciones, lo cual seguí haciendo incluso ya que tenía discos compactos. Claro que desde hace mucho ya no tengo tiempo de andar haciendo eso así que mi repertorio se limita a canciones de los 90’s.

Cuando estuve embarazada me dediqué a hacer muchas cosas para preparar la llegada de la Natu, leí y me eduqué. Lo que nunca hice fue buscar canciones de cuna y aprendérmelas, la verdad es que no se me ocurrió.

Resulta que cuando nace la pequeñuela estábamos en el cuarto del hospital y lo primero que hice fue poner música, porque algo me dijo que eso nos tranquilizaría a ambas. Mi selección musical fue lo que ofrecía un canal de música de la TV de paga, así que busqué algo bonito y que fuera suave sin sonidos estruendosos para que pudiéramos descansar. El canal elegido fue una especie de música lounge mezclada con sonidos latinos, bastante agusto.

El primer día en casa mis padres me dejaron sola con mi hija porque ellos tuvieron que salir y mi esposo había ido a trabajar. Tenía el Jesús en la boca porque moría de miedo que algo pasara y no supiera que hacer. Me temblaban las manitas y sudaba muchísimo. De pronto recordé que el doctor me había recomendado cantarle para que se tranquilizara y no es que la bebe estuviera inquieta más bien la inquieta y nerviosa era yo. No logré concentrarme y por supuesto no me vino ninguna canción de cuna a la mente. Terminé poniendo You Tube y busqué música tranquila nuevamente.

Pasaron los días hasta que llegó el día de resignación por mi parte, mi hija andaba medio inquieta y dije “Oh por Dios, ¿qué hago?” así que entre la desesperación y nervios empecé a cantar una de las poquitas canciones que me sé de memoria “Más vale cholo” de Molotov. Natu se calmó y yo feliz, así que dije “perfecto, si le gustó” así que cada vez que se ponía inquieta le cantaba “Paseaba en la troca….con quemacocos, parqueamos la wawa y le tocamos al locoooo” y si, con voces fingidas y toda la cosa. ¡Harta producción! Cuando mi papá me escuchó no pudo contener la risa y recuerdo que me dijo algo así como “¡que buena canción de cuna eh!”. La tentación no pudo con él y uno de esos días se acercó a su nietecita y empezó “paseando de arriba a abajo, ahí va la chilanga banda, chin chin si me la recuerdan, carcaaaacha y se les retaaaacha dun dun dun dun dun dun dun dun dun dun duuuun dun”.

Me declaro culpable de no haber elegido las mejores primeras canciones de cuna (bautizadas así por mi papá y yo) pero en los momentos de necesidad y pánico hay que ser prácticos y buscar todas las posibles soluciones al problema. Realmente no creo que haya sido problema la canción que elegí para cantarle por primera vez, sinceramente creo que la canté con tanta emoción maternal y haciendo caras que mi hija disfrutó mucho.

Claro que después tuvimos un encuentro bastante gratificante con la Gallina Pintadita. Sus canciones retumbaban en mi cabeza por días, me las sé casi todas y hasta las bailo. Mi hija no solo disfrutaba la música, si no que también era feliz viendo los monitos tan coloridos.

Les dejo este video donde pueden apreciar el gran talento de la Natu desde que era bien pequeñita! ❤ mueran de amor y ternurita!!!