¿Qué es eso? ¿Un cañón? ¡No! ¡Es un bebé!

Es mi deber escribir este post, por el bien de todas las mamis y papis primerizos que no tienen ni idea del peligro al que se enfrentan.

Resulta que cuando la Natu tenía como mes y medio, mi rutina diaria era no dormir (aunque ella no se despertara yo me levantaba cada 5 minutos para ver que estuviera bien), cuando salía el sol ya estaba yo acostadita con ella en la cama dándole pecho, no sé por qué pero me arrullaba y luchaba por no quedarme dormida. Ya que todos se despertaban en casa me paraba a desayunar y convivir con la familia. Después me metía a bañarla, que recuerdo perfecto era un martirio para mi, de verdad sudaba como cuche…en definitiva sentía que cargaba un bulto de 50kgs todo el día. Aparte de todo, una sacrosanta amiga me hizo el mega favor de apoyarme con muebles de su bebe, ropita, etc. Entre esas cosas venía una bañerita (que digo, ¡bañerota! ¡era enorme!) así que al principio yo la llenaba y por dentro decía (ve esta bebe, en su jacuzzi y yo aquí casi casi usando silla de ruedas). Antes de seguir debo contarles que la primera vez que bañé a mi tesorito quería seguir las indicaciones del pediatra al pie de la letra, entre ellas bañar a la criatura con agua hervida. Así que ahí me tienen hirviendo el agua y esperando a que se enfriara, mi papá pasaba a burlarse de mi cada vez que podía diciendo que así sería toda la vida, yo solamente lo volteaba a ver con ojos de metralleta. Hasta que me dijo mi mamá “ay pues yo te bañaba con agua de la llave y mírate pareces toro nada te pasó”, así que si, debo confesar que dije “¡a la mierda! agua de la llave será, que agarre defensas”.

Regresando a mi rutina, después del baño era la cambiada. Yo había leído lo importante que era la conexión piel con piel del bebe y la madre, incluyendo masajear al retoño después del baño así, encueradito. Así que ahí me tienen según yo de baby SPA, obvio no tenía ni idea de lo que hacía pero yo me sentía la más experta del mundo. Todo iba PERFECTO, recuerdo el aroma y los soniditos que hacía mi bebita. Decidí voltearla boca arriba y hacerle en su pechito, su pancita, sus muslitos y levanté sus piernitas para masajearle los pies. En eso, sin pedir permiso y sin darme cuenta de cómo pasó (fue en cuestión de segundos) como ya saben que es costumbre de mi hija se echo un pedito….Pero eso no fue el problema, resulta que no era una flatulencia común y corriente, la niña estaba haciendo “pupu” (como le dice actualmente), y si señores eso que se están imaginando…pasó…mis brazos, mi manos, mi panza, mi pecho, mi cabello, mi cara y….MI BOCA estaban llenas de pupu. Mi marido se dio cuenta porque exclamé un “aaaay” y solo comenzó a hacer arcadas de asco y a decirme “¡guacala! ¿cómo es que te da risa? ¡que asco!” ahh porque eso sí, no se si de nervios o de resignación me entró un ataque de la risa.

Así que eso que dicen de que todos los papas probamos la popo y la pipi de nuestros hijos en algún momento de nuestras vidas, ¡Es verdad!

Por lo que si eres una mamita hermosa recién estrenada o un papichulo guapo que apenas lo desempacaron, ten cuidado…..tienes un cañón de última generación entre tus brazos, bajo el mismo techo, esperando el mejor momento para explotar……

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