La ratita que no fue ratita

Toda la vida le había tenido pánico a los bebés. Me emocionaba verlos, pero cuando me decían “¿quieres cargarlo?” yo temblaba como gelatina y muy nerviosa decía que sí. Yo cargando a un bebé era tal cual Mrs. Smith en aquella escena donde están en una reunión en casa de sus amigos y le dan a un bebé para que lo cargue. Ella lo levanta en el aire y lo ve con cara de incertidumbre. Tal cual, esa era yo.

Los bebés para mi eran la cosa más frágil que pudiera tener en mis manos. Yo sentía burbujas en mi estómago cuando estaba al lado de alguno y el aroma, ese aroma que no me gustaba para nada. Tenía miedo de que se les saliera alguna sustancia radioactiva por el pañal, o que me vomitaran como si estuvieran audicionando para el papel de la niña del exorcista.

En muchas, pero muchísimas ocasiones escuché decir que los bebés cuando nacían eran como una ratita fea y arrugada. Yo veía parir a mi gata y literal pensaba “¿Así serán los bebes de feos al nacer?”. Todo ese líquido pegado en sus cuerpos, los ojos hinchados, con olor feo.

Cuando me embaracé, me hice totalmente a la idea de que mi hija cuando naciera sería una cosa fea. No digo que pensara que así se fuera a quedar, pensaba que al nacer y pasados los días el panorama iría mejorando. No me hice de falsas esperanzas. Para mi era un hecho que eso pasaría y más porque mi suegra me había platicado que mi esposo cuando nació era un bebé muy feo, porque no tenía pelo y lo poquito que pudiera tener era totalmente blanco, además era muy arrugado y medio deforme. Pero ese fue la oruga en su capullo, porque después tremenda mariposa en la que se convirtió. Un bebé que todos chuleaban.

Cuando entré al quirófano pasé por mil pensamientos, finalmente escuché ese “cuñaaaa”. Cuando me acercaron a mi hija, de verdad me fui de espaldas. Era el bebé MÁS hermoso que había visto, tenía la temperatura perfecta, olía delicioso y era muy bella. Me quedé muda, me tuvo que pedir el pediatra que le hablara y le diera la bienvenida y yo solo pude decir “Está muy bonita”. Estoy segura que el doctor pensaba que lo decía en el plan maternal, pero no de verdad lo decía porque yo esperaba que me entregaran al Maestro Splinter y lo que me dieron fue un pequeño osito cariñosito.

splinter

 

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