Patita de perro

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¡Ay los viajes! qué no daríamos por tener la oportunidad de viajar cada vez que quisiéramos hacerlo. ¡Grecia! vámonos… ¡España! vámonos… ¡China! vámonos… pero no es tan sencillo como decirlo. La verdad es que viajar cada vez se vuelve más complicado y caro. Cuando eres pequeño tienes todo el tiempo del mundo para viajar pero no tienes quien te lleve o por lo menos no cuando tú quieres. Y cuando eres adulto tienes toda la intención y hasta el dinero a veces pero no siempre se puede. Ya sea por el trabajo o simplemente porque tienes hijos que cuidar e ir todos sale muy caro.

Pero, ¿quién se imaginaría que de pronto tienes un bebé y a su año y medio ha viajado más veces que tú en tus escasos 32 años? Igual no a otros países, pero salir de su ciudad a otra…ya es algo muy normal para ella.

La Natu desde que nació ha estado con agenda muy ocupada. Mi hija ya ha estado en: Ixtapa, Acapulco, Huatusco, Puebla, Cuernavaca y La Paz. En varios lugares se ha repetido. Solo en uno de esos destinos usamos avión para llegar y es La Paz, BCS.

Debo ser honesta, para mi viajar en avión es lo más espantoso. Me siento de verdad muy mal. La primera vez que Natu subió a un avión tendría como 11 meses y yo moría de nervios, uno porque como comenté no me gusta y dos pasaban por mi cabeza millones de situaciones catastróficas. Que por cierto y haciendo un paréntesis, resulta que en los primeros meses de vida de mi hija yo padecí una especie de síndrome en donde constantemente durante el día me pasaban por la cabeza situaciones ¡horribles! que en una visita al doctor me dijo “es normal, es parte del instinto”. Yo asumo que efectivamente el instinto de madre está grueso. Lo veo como si al momento de que sales del hospital te activaran un switch y en automático empezaras a cuidar a tu bebé de todo lo malo que pudiera pasarle. ¡Es la madre naturaleza haciendo de las suyas! A lo mejor ese instinto es un tema “químico”, como si fuera adrenalina, entonces se libera tanto en tu organismo que tarda meses en procesarlo adecuadamente, por ende se conjuga en una mescolanza de emociones y pensamientos. Es mi teoría.

Regresando a lo que hablaba, ese día subimos al avión y yo me aprendí todas y cada una de las indicaciones que dio la azafata, me sentí nerviosa de no poder ponerme el cinturón junto con mi hija, recé a todos los santos, pedí protección. Y luego ese aroma a avión ¡como lo detesto!. Arrancamos motores y empezamos a avanzar, mientras tanto mi hija solo hacia trompetillas escupiéndome las manos que estaban todas temblorosas. Cuando ya se puso el avión derechito para acelerar, se me bajó la sangre de la cabeza a los pies…aceleró….y ese sonido de los motores, el efecto de gravedad y todo, me hizo llorar. Pero fue todo en cuestión de segundos, pasé del llanto a la risa porque Natu solo alzó sus bracitos e hizo “wwwuiiiiiiii”. Si te imaginaste a un bebé en una montaña rusa, acertaste. Esas éramos mi Natu valiente y su cobarde madre. Pasaron los minutos y el avión continuaba su ascenso. Yo solo empecé a sentir mi cara sin sangre y a sudar frío, me agarraba la frente y trataba de oler a mi bebé para disimular el espantoso olor.

Esa mañana al salir de casa rumbo al autobús que me llevaría al aeropuerto, nos topamos con tráfico por lo que el indicado nos dejó, tuvimos que esperar el siguiente así que aproveché para desayunar un sandwich que me había preparado mi prima. Pero el nervio estaba al mil, corría el riesgo de perder mi viaje. Durante el vuelo, el sandwich empezó a hacerse presente y todo lo demás que hubiera comido, lo sentía pasearse por mi estómago y regresar a mi boca. Busqué por todos los medios retenerlo pero…sucedió. Busqué con desesperación la bolsita que te ofrece la aerolínea para esos accidentes pero cuando logré abrirla ya había sucedido el inicio del accidente. Ya se imaginaron a una bebé en montaña rusa, ahora imaginen a una bebé que decidió ponerse su plato de papilla como sombrero (es una metáfora para los que no entendieron). Si lo sé, pobre de ella. La azafata corrió a auxiliarme, fue una bella persona debo decirlo. Y más porque le di su “novatada”, era su primer día de trabajo.

Ese no fue mi primer viaje como mamá, pero fue el primero en avión y el más largo. Cuando llegó el regreso, opté por tomar unas pastillas para el mareo y fue la solución, pero la sensación extraña de estar por los aires con mi hija, no desapareció.

 

2 comentarios en “Patita de perro

  1. jajajajajajajjajajajaja imagine a Natu hermosas feliz de la adrenalina y a ti con cara de gift de Facebook con líquido verde saliendo de su boca. Ja ja ja.

    Que bellas historias mi bebé también salió bien bueno para los viajes; gracias a Dios yo no me mareo así que creo que es excelente reto ponernos como meta viajar con nuestros retoños.

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