La niña de las estrellas

Había una vez una niña que jugaba con muñecas y le llenaba de emoción poder imaginarlas con una pareja que las llenaban de besos y abrazos, imaginaba que compartían juntos viajes y momentos, mismos que atesoraban para recordarlos todos los días y poder inspirarse para crear más experiencias. Su abuela le decía que por las noches contara las estrellas equivalentes a su edad y le recitaba un poema para pedirle a las estrellas que le permitieran soñar esa noche con el que sería su amor real. La niña por mucho tiempo lo hizo, se acostaba emocionada porque encontraría dentro de sus sueños aquel que le llenaría el corazón de amor tal y como jugaba ella con sus muñecas.

Pasaron los años y la niña creció, aprendió que el amor no era como ella se lo había imaginado porque entregó su corazón cada que tuvo oportunidad y en cada momento fue lastimado por personas que no comprendían la magnitud de los sentimientos y emociones que esta niña estaba dispuesta a dar. Se fue haciendo grande de edad y de tamaño, pero chiquita de confianza y autoestima. Pero a pesar de eso, siempre que llegaba alguien que la hacía volar por alguna temporada ella se dejaba llevar al punto en donde de un momento a otro le cortaban las alas abruptamente y la gravedad causaba una caída libre, lastimándose una vez más.

El corazón de la niña aún vive que aunque se ha cosido muchas veces, por el momento está cubierto por un escudo protector que afortunadamente aún no es impenetrable. Tiene ciertas brechas que si son descubiertas se puede llegar a él nuevamente, pero ella tiene miedo a ser lastimada una vez más, porque las heridas sobre heridas duelen aún más que la primera vez y es por eso que ella se siente tan indefensa. Perdió la confianza en las personas y a pesar de que su calidad de ser humano le permite brindar cariño, por dentro le invade en todo momento la inseguridad misma que en ocasiones no sabe cómo manejarla. Hace muchas veces el intento de confiar nuevamente, pero ganan los escenarios en donde nuevamente es lastimada y retrocede.

Han pasado los años y muy en el fondo ella aún cree que por las noches se va a acostar y soñará con aquel ser humano que esté tan lleno de amor como ella y quiera compartírselo, esa persona que se convierta en su mejor amigo, su mejor amante y su mejor compañero de vida. Que pueda enseñarle de una vez por todas lo que significa amar y ser amada, que le desee el bien y que pueda protegerla. Que le enseñe que no todo debe hacerse en soledad, que las dificultades tienen solución en equipo, que la vida sabe más bonito cuando se comparte y que si uno quiere una luna de queso es cuestión de mirarse a los ojos y sonreír.

La niña que ya no es una niña, creció creyendo en historias mágicas sobre el amor, creció esperando a alguien más para ser feliz y en muchas ocasiones a pecado de sentir que para estar completa necesita a alguien más. Han pasado los años y ahora tiene una niña que juega con muñecas y que a pesar de todo, ella quiere enseñarle a su pequeñita que el amor propio es lo que más importa. Que confíe en ella misma y que disfrute cada día de su vida como si fuera el último, que abrace el amor cuando le sea entregado y dé las gracias cuando le sea arrebatado. Porque cada momento en su vida es un pequeño tesoro que debe guardar y recordar siempre, que las personas que se atraviesen por su camino son y serán siempre valiosas para formarla a ella como ser humano. Que está bien sentir dolor, porque así como siente dolor también va a sentir felicidad, miedo, enojo o frustración. Eso es lo que nos hace seres humanos.

La niña ya se ha dado cuenta que las estrellas no son para contarse por edad, ni para recitarles un poema y que los sueños no son para soñar con alguien que nos venga a dar algo que nosotros debemos saber que ya lo tenemos en nuestro interior. Ella ya sabe que las estrellas son para disfrutarlas sola o acompañada, para contarlas por placer y juego. Los sueños son para crear mundos fantásticos y divertirse a la mañana siguiente cuando los platicas.

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