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Atrapando sueños

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Vengo en un autobus rumbo a mi hogar. Como cualquier otro pasajero disfruto cada nota que suena a través de mis audífonos. Miro hacia el horizonte en donde aprecio como se pone el sol y me pongo a recordar todos esos momentos en los que disfruté al lado de personas enriquecedoras. Pasan al igual por mi cabeza pensamientos entristecedores con respecto al calentamiento global y todo lo que no estamos haciendo por evitarlo. Pienso en mi hermosa hija y sueño despierta de todos los logros que estoy segura conseguirá, una mujer cumpliendo sus sueños…de pronto me paro en seco…¿”sus” o “mis” sueños? Me llena de júbilo pensar en que ella será grandiosa y reconocida, pero tengo que separar lo que yo soñé desde chica y permitir que ella sueñe también…que no solo sueñe, que haga todo por hacerlos realidad y yo la ayudaré a cumplirlos.

Vengo en carretera en la oscuridad de un autobús lleno de pasajeros, en el cual predomina el aroma a lavanda en exceso. A lo lejos percibo relámpagos, una tormenta eléctrica está cubriendo con su resplandor las montañas del fondo. Paso de escuchar notas suaves con composiciones inteligentes a música electrónica totalmente creada en computadora y letras inservibles, de pronto suenan notas tropicales que hacen que mis pies se muevan al ritmo de la música. Así soy yo, tal como el playlist de mi reproductor…mi diversidad emocional me caracteriza. ¿Que será cuando ella crezca? ¿Cuales serán sus sueños y sus metas? Cuantos niños frustran sus sueños por falta de apoyo de parte de sus padres, tengo miedo de cometer ese error. Y tengo mucho más miedo que ella algún día sienta que nunca la apoyé y que no me hizo sentir orgullosa, cuando yo solo de saber que existe me llena de alegría y orgullo. ¿Salvará vidas? ¿Deleitará a otros con su voz? ¿Seguirá los pasos musicales de su padre? ¿Será una reconocida bailarina? ¿Enseñará a niños pequeños? ¿Resolverá casos importantes? No sé la verdad a qué querrá dedicar su vida.

La tormenta nos ha alcanzado y con ella mi nostalgia, pienso en mis padres y me causa curiosidad el por qué no fueron más estrictos conmigo para a que cumpliera mis sueños. Yo siempre soñé con tres cosas: música, canto y baile. Por las noches escucho mis canciones favoritas y me imagino que yo soy la que esta detrás de ese micrófono, detrás de esa batería o la que esta dando todo mi esfuerzo por bailar perfecto esa canción. Mis padres dieron y dan todo por mi, pero creo que en la parte de hacer que caminara rumbo a la meta de mis sueños les faltó un poco más atención. Creo que su constante preocupación porque yo estuviera bien y no me faltara nada hizo que esa atención se desviara y no fueran tan esenciales mis sueños. Bastaba con un poco de presión quizás para que una niña de 12 años que decía que quería aprender a tocar un instrumento realmente lo tomara en serio y se preparara. Y que si una niña de 7 años ya escuchaba jazz en el modular de sus padres y ponía rock n roll clásico para bailar usando la falda roja que tenía en su armario, esa que al dar vueltas volaba por los aires fuera una señal de que la música venia en sus venas. O que si esa niña escuchaba una y otra vez el mismo cassette de Mecano tratando de cantar como Ana Torroja era porque disfrutaba las voces melodiosas y deseaba hacer lo mismo.

Mis padres dieron y dan todo por mi, como ya lo dije pero no debemos olvidar que los seres humanos para estar completos debemos no solo tener que comer, que vestir, donde dormir y donde estudiar. También tenemos ilusiones y soñamos despiertos. Tal vez mi problema fue la excesiva independencia y rebeldía, quizás oculté tantas cosas a mis padres que no se dieron cuenta lo que realmente deseaba. Se las puse muy complicada y hoy me arrepiento. Todos esos momentos en los que me respondieron con “que mal cantas”, “no podrás tener una batería porque terminara siendo un perchero” (y como no decirme eso, si mi cuarto parecía la Selva Lacandona de tantas cosas tiradas, no sé como nunca me comió Anaconda) y con respecto al baile creo que es el único que no me dijeron nada, yo solita me puse obstáculos mentales. Que si estoy gorda, que si soy lenta, que están caras las clases….igual también tuve la culpa por ser tan versátil en mis ideales, tan muy “mi playlist”. Porque inclusive recuerdo haber soñado con jugar hockey o patinaje artístico. Tal vez yo tuve la culpa de confundirlos, de no ser clara y consistente.

¿Qué debieron hacer unos padres con una hija así de complicada? ¿Cómo adivinar qué es lo que soñaba? ¿Qué le pasaba por la cabeza? ¿Cómo evitar que esos sueños fueran inalcanzables y solo se quedaran en la imaginación de una pasajera de 32 años que viaja a su casa? Temo que mi hija sea como yo fui y no me envíe las señales adecuadas para que yo pueda ayudarle a cumplir sus sueños. Quiero encontrar la contraseña de sus pensamientos y la fórmula para adivinar lo que quiere sin equivocarme. Quiero que ella sea plena y que cuando ella vaya en un camión rumbo a su casa piense en todo menos en la nostalgia que siente por no haber cumplido sus sueños.

Notas desde el corazón

El fin de semana pasado hice una de mis actividades favoritas que hace tiempo no hacía: comprar un disco compacto en una tienda. Le quité como niña chiquita la envoltura, lo olí (si eso leíste, me encanta el olor de un CD nuevo) y lo puse en el reproductor de mi auto. Recorrí canción por canción y repetí mil veces la misma canción (que es la que conocía por la radio). Toda la semana escuché varias veces el mismo disco y si, seguía repitiendo la misma canción. Hoy el día me regaló paz en mi corazón y limpio mi estrés con el tremendo tormentón que cayó. Mientras venía de regreso a casa canté un rato canciones como “el patio de mi casa” y “jugaremos en el bosque” hasta que escuché como es costumbre el tremendo ronquido de la Natu…ya les había dicho que el carro y la mamila son los mejores remedios para dormir a los bebes….así que una vez dormido el retoño puse mi CD y como había demasiado tráfico, estuve revisando el cancionero. Me dediqué a no solo escuchar la misma canción de siempre, si no a escuchar la letra de las canciones y la música. Alcancé a escuchar dos veces una de ellas y me puse a llorar como Magdalena. Esta canción me encantó, se llama “Toneladas” y el disco del cual hablo es el nuevo de Shakira que lleva por nombre “El Dorado”.

Es por este motivo que el día de hoy les presentaré mi TOP 5 con las mejores canciones que he escuchado y algún día podré decirle a mi pequeño querubín “mira preciosa, estas te las dedico”:

1.- “TONELADAS” Shakira – El Dorado:

 

2.- “NATALIA” Aleks Syntek – Lección de Vuelo:

 

3.- “YO TE ESPERABA” Alejandra Guzmán:

 

4.- “TU DE QUÉ VAS” Franco de Vita:

 

5.- “ERES” Café Tacvba:

La hora macabra

Llega el domingo, sales de paseo con el retoño y decides “cansarlo”. Buscas por todas las formas hacer que camine, gatee o se arrastre pero que por favor se mueva.

Ya es hora de regresar a la casa, levantas todas las cosas y la bendición encima se tira al piso para que lo cargues hasta el coche. Se recuesta en tu hombro, ves la hora y dices “yeah baby hoy alguien se dormirá tempranito”. Todo el trayecto vas asombrada de los temibles ronquidos que se revienta esa cosititita. Hasta piensas que arrastraste un tronco e hizo un estruendoso ruido, pero no, es el retoño roncando (herencia del papá).

Llegas a la casa y dices “deeeespaaaacito suave suavecito…” no perdón eso no, es que llevo rato viendo videos en You Tube con esa canción y la traigo algo pegadita. El punto es que sigilosamente bajas a tu retoñin del auto, caminas muy al Dracula style osea de puntitas, llegas al cuarto y dejas al querubín en su camita. Das tres pasos en reversa, te golpeas contra el mentado “pink balloon” super nice que pusiste y tu solita te haces “shh shh”, te asomas y nada, falsa alarma. Vas con calma y sin prisa hacia la puerta, te sales y al cerrarla despacio, das media vuelta con un pasito Luis Miguelero y de pronto….”mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” ¡¡¡Mierda!!!

Entras toda dulzura “shhhh a momiiiir a momiiiir”, escuchas como chupetea su dedo y dices “fiuf” repites ruta de escape ahora si viendo con mirada de “maldito globo me tocas y te tiro a la basura”. En eso estás a punto de salir y escuchas una dulce entonación “ta ta ta ta ta ta” (al tono de martinillo) y dices me lleva la que me trajo y la del tren y hasta carmen la que perdió su cadenita. “Mi cielo, quieres tu tete?” y con dedito en boca, carita de no rompo un plato te dice que si moviendo la cabeza. Bajas las escaleras resignada, pensando “con esta mamila seguro si se duerme”. La subes y te acuestas con ella, no se la ha terminado y tu ya estás babeando la almohada. De pronto sientes como te tiemblan los pensamientos del trancazo que te meten en la frente “ya terminó su mamila”. Le haces piojito, le acaricias la espalda y la ternurita solamente decide seguir cantando y darte de manotazos y patadas para luego hacerte “muajajajaja”.

Cuando menos te das cuenta ya casi son las 11 y el retoño está con ojos de escudo del Capitán America.

¿Es tu caso?

A la ru ru nene…¿qué sigue?

Toda la vida he tenido el gran problema de que no logro aprenderme la letra de las canciones. Solamente tuve una época en mi vida que literal ponía play y pause mientras iba anotando la letra de la canción en una hoja, eso era cuando no traía libretita de canciones el cassette…¡si! esas reliquias ¡¡¡me tocaron!!!!…por si no te acuerdas cómo eran  o no son de tu época, dejaré esto por aquí….

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Regresando al tema, hacer esta actividad me ayudaba a aprenderme fácilmente las canciones, lo cual seguí haciendo incluso ya que tenía discos compactos. Claro que desde hace mucho ya no tengo tiempo de andar haciendo eso así que mi repertorio se limita a canciones de los 90’s.

Cuando estuve embarazada me dediqué a hacer muchas cosas para preparar la llegada de la Natu, leí y me eduqué. Lo que nunca hice fue buscar canciones de cuna y aprendérmelas, la verdad es que no se me ocurrió.

Resulta que cuando nace la pequeñuela estábamos en el cuarto del hospital y lo primero que hice fue poner música, porque algo me dijo que eso nos tranquilizaría a ambas. Mi selección musical fue lo que ofrecía un canal de música de la TV de paga, así que busqué algo bonito y que fuera suave sin sonidos estruendosos para que pudiéramos descansar. El canal elegido fue una especie de música lounge mezclada con sonidos latinos, bastante agusto.

El primer día en casa mis padres me dejaron sola con mi hija porque ellos tuvieron que salir y mi esposo había ido a trabajar. Tenía el Jesús en la boca porque moría de miedo que algo pasara y no supiera que hacer. Me temblaban las manitas y sudaba muchísimo. De pronto recordé que el doctor me había recomendado cantarle para que se tranquilizara y no es que la bebe estuviera inquieta más bien la inquieta y nerviosa era yo. No logré concentrarme y por supuesto no me vino ninguna canción de cuna a la mente. Terminé poniendo You Tube y busqué música tranquila nuevamente.

Pasaron los días hasta que llegó el día de resignación por mi parte, mi hija andaba medio inquieta y dije “Oh por Dios, ¿qué hago?” así que entre la desesperación y nervios empecé a cantar una de las poquitas canciones que me sé de memoria “Más vale cholo” de Molotov. Natu se calmó y yo feliz, así que dije “perfecto, si le gustó” así que cada vez que se ponía inquieta le cantaba “Paseaba en la troca….con quemacocos, parqueamos la wawa y le tocamos al locoooo” y si, con voces fingidas y toda la cosa. ¡Harta producción! Cuando mi papá me escuchó no pudo contener la risa y recuerdo que me dijo algo así como “¡que buena canción de cuna eh!”. La tentación no pudo con él y uno de esos días se acercó a su nietecita y empezó “paseando de arriba a abajo, ahí va la chilanga banda, chin chin si me la recuerdan, carcaaaacha y se les retaaaacha dun dun dun dun dun dun dun dun dun dun duuuun dun”.

Me declaro culpable de no haber elegido las mejores primeras canciones de cuna (bautizadas así por mi papá y yo) pero en los momentos de necesidad y pánico hay que ser prácticos y buscar todas las posibles soluciones al problema. Realmente no creo que haya sido problema la canción que elegí para cantarle por primera vez, sinceramente creo que la canté con tanta emoción maternal y haciendo caras que mi hija disfrutó mucho.

Claro que después tuvimos un encuentro bastante gratificante con la Gallina Pintadita. Sus canciones retumbaban en mi cabeza por días, me las sé casi todas y hasta las bailo. Mi hija no solo disfrutaba la música, si no que también era feliz viendo los monitos tan coloridos.

Les dejo este video donde pueden apreciar el gran talento de la Natu desde que era bien pequeñita! ❤ mueran de amor y ternurita!!!