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La hora macabra

Llega el domingo, sales de paseo con el retoño y decides “cansarlo”. Buscas por todas las formas hacer que camine, gatee o se arrastre pero que por favor se mueva.

Ya es hora de regresar a la casa, levantas todas las cosas y la bendición encima se tira al piso para que lo cargues hasta el coche. Se recuesta en tu hombro, ves la hora y dices “yeah baby hoy alguien se dormirá tempranito”. Todo el trayecto vas asombrada de los temibles ronquidos que se revienta esa cosititita. Hasta piensas que arrastraste un tronco e hizo un estruendoso ruido, pero no, es el retoño roncando (herencia del papá).

Llegas a la casa y dices “deeeespaaaacito suave suavecito…” no perdón eso no, es que llevo rato viendo videos en You Tube con esa canción y la traigo algo pegadita. El punto es que sigilosamente bajas a tu retoñin del auto, caminas muy al Dracula style osea de puntitas, llegas al cuarto y dejas al querubín en su camita. Das tres pasos en reversa, te golpeas contra el mentado “pink balloon” super nice que pusiste y tu solita te haces “shh shh”, te asomas y nada, falsa alarma. Vas con calma y sin prisa hacia la puerta, te sales y al cerrarla despacio, das media vuelta con un pasito Luis Miguelero y de pronto….”mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” ¡¡¡Mierda!!!

Entras toda dulzura “shhhh a momiiiir a momiiiir”, escuchas como chupetea su dedo y dices “fiuf” repites ruta de escape ahora si viendo con mirada de “maldito globo me tocas y te tiro a la basura”. En eso estás a punto de salir y escuchas una dulce entonación “ta ta ta ta ta ta” (al tono de martinillo) y dices me lleva la que me trajo y la del tren y hasta carmen la que perdió su cadenita. “Mi cielo, quieres tu tete?” y con dedito en boca, carita de no rompo un plato te dice que si moviendo la cabeza. Bajas las escaleras resignada, pensando “con esta mamila seguro si se duerme”. La subes y te acuestas con ella, no se la ha terminado y tu ya estás babeando la almohada. De pronto sientes como te tiemblan los pensamientos del trancazo que te meten en la frente “ya terminó su mamila”. Le haces piojito, le acaricias la espalda y la ternurita solamente decide seguir cantando y darte de manotazos y patadas para luego hacerte “muajajajaja”.

Cuando menos te das cuenta ya casi son las 11 y el retoño está con ojos de escudo del Capitán America.

¿Es tu caso?

¿Qué es eso? ¿Un cañón? ¡No! ¡Es un bebé!

Es mi deber escribir este post, por el bien de todas las mamis y papis primerizos que no tienen ni idea del peligro al que se enfrentan.

Resulta que cuando la Natu tenía como mes y medio, mi rutina diaria era no dormir (aunque ella no se despertara yo me levantaba cada 5 minutos para ver que estuviera bien), cuando salía el sol ya estaba yo acostadita con ella en la cama dándole pecho, no sé por qué pero me arrullaba y luchaba por no quedarme dormida. Ya que todos se despertaban en casa me paraba a desayunar y convivir con la familia. Después me metía a bañarla, que recuerdo perfecto era un martirio para mi, de verdad sudaba como cuche…en definitiva sentía que cargaba un bulto de 50kgs todo el día. Aparte de todo, una sacrosanta amiga me hizo el mega favor de apoyarme con muebles de su bebe, ropita, etc. Entre esas cosas venía una bañerita (que digo, ¡bañerota! ¡era enorme!) así que al principio yo la llenaba y por dentro decía (ve esta bebe, en su jacuzzi y yo aquí casi casi usando silla de ruedas). Antes de seguir debo contarles que la primera vez que bañé a mi tesorito quería seguir las indicaciones del pediatra al pie de la letra, entre ellas bañar a la criatura con agua hervida. Así que ahí me tienen hirviendo el agua y esperando a que se enfriara, mi papá pasaba a burlarse de mi cada vez que podía diciendo que así sería toda la vida, yo solamente lo volteaba a ver con ojos de metralleta. Hasta que me dijo mi mamá “ay pues yo te bañaba con agua de la llave y mírate pareces toro nada te pasó”, así que si, debo confesar que dije “¡a la mierda! agua de la llave será, que agarre defensas”.

Regresando a mi rutina, después del baño era la cambiada. Yo había leído lo importante que era la conexión piel con piel del bebe y la madre, incluyendo masajear al retoño después del baño así, encueradito. Así que ahí me tienen según yo de baby SPA, obvio no tenía ni idea de lo que hacía pero yo me sentía la más experta del mundo. Todo iba PERFECTO, recuerdo el aroma y los soniditos que hacía mi bebita. Decidí voltearla boca arriba y hacerle en su pechito, su pancita, sus muslitos y levanté sus piernitas para masajearle los pies. En eso, sin pedir permiso y sin darme cuenta de cómo pasó (fue en cuestión de segundos) como ya saben que es costumbre de mi hija se echo un pedito….Pero eso no fue el problema, resulta que no era una flatulencia común y corriente, la niña estaba haciendo “pupu” (como le dice actualmente), y si señores eso que se están imaginando…pasó…mis brazos, mi manos, mi panza, mi pecho, mi cabello, mi cara y….MI BOCA estaban llenas de pupu. Mi marido se dio cuenta porque exclamé un “aaaay” y solo comenzó a hacer arcadas de asco y a decirme “¡guacala! ¿cómo es que te da risa? ¡que asco!” ahh porque eso sí, no se si de nervios o de resignación me entró un ataque de la risa.

Así que eso que dicen de que todos los papas probamos la popo y la pipi de nuestros hijos en algún momento de nuestras vidas, ¡Es verdad!

Por lo que si eres una mamita hermosa recién estrenada o un papichulo guapo que apenas lo desempacaron, ten cuidado…..tienes un cañón de última generación entre tus brazos, bajo el mismo techo, esperando el mejor momento para explotar……

Momentos bochornosos

¿Cuántas veces no has ido a un lugar público y el retoñito se esmera para que te mueras de la pena con una de sus gracias?

Bueno pues la Natu no tenía ni 2 meses de nacida y ya hacía sus gracias en público. Una vez, de hecho fue su primera salida a la calle, me la llevé a la oficina porque necesitaba entregar mi segunda hoja de incapacidad. Obvio la envolví como tamalito, le puse sus mejores garras y ¡vámonos! En una de esas ya estando en las oficinas, mi jefe me pide que fuera a su oficina porque quería hablar conmigo, ahí estaba también su jefe, osea los meros meros en frente de mí. Hago un paréntesis, solo para compartirles que me estaban entreteniendo porque habían mandado a una persona a comprar un regalito para mi y para Natu, por lo que se inventaron mil historias para que me quedara más tiempo. Yo andaba apurada porque mi esposo esperaba en el auto y pues la nena era muy pequeña aun, además como madre primeriza quería revisarle el pañal cada 5 minutos y precisamente en esas oficinas no hay las condiciones óptimas para tan valiosa labor.

En fin, estaba yo muy derechita en la silla con la pechochina en brazos platicando con mis jefes y en eso entró una llamada del corporativo la cual mi jefe tomó y puso en altavoz. ¿Si me van cachando? Ya no solo era mi jefe y su jefe si no quién sabe cuántas personas más del corporativo en línea…de pronto, así sin más, mi brazo retumbó y escuché un largo y estruendoso pedo saliendo de un bulto que cargaba en mis brazos, si…¡UN PEDO! De verdad, no sabía dónde meter la cabeza, me puse de mil colores y no paraba de disculparme. Obviamente hubo risas…muchas risas…..lo primero que pensé fue, ¿cómo es posible que de una personita de 53cm saliera tremenda flatulencia? Nunca olvidaré ese día, ni mis jefes….ni el corporativo creo….

Desde entonces, no ha sido la única vez, se ha repetido la situación varias ocasiones más pero con gente de más confianza, obviamente esa al ser la primera vez para mi fue algo imposible de olvidar y por supuesto digno de compartirse en mi blog.

No puedo cerrar esta publicación sin incluir este video que grabé por esas fechas…..tienes que verlo hasta el final. ¡Disfrútalo!